El compromiso laboral y la inteligencia emocional de los millennials


Hoy en día, nuestras empresas realizan sus operaciones al ritmo de los jóvenes “millennials”, personas nacidas entre los años 1980 y 2000; representan una generación con características marcadas por el uso de las tecnologías que, sin duda, han llegado a romper paradigmas en las organizaciones. Estos trabajadores privilegian las vacaciones, trabajar desde la casa y pasar de un empleo a otro en un plazo de 2 a 3 años, además que son unos genios generadores de “memes”; entonces ¿cómo lograr un compromiso laboral con una generación que no sigue las reglas?

En el presente artículo, estimado lector, pongo a su consideración algunos datos relevantes y puntos de vista que le ayudarán a mejorar su clima laboral y, sobre todo, lograr que el compromiso laboral de sus colaboradores se vea reflejado en “ponerse la camiseta” de la empresa, como lo hacen con la de su equipo de fútbol favorito.

El compromiso laboral es una fortaleza del carácter de los individuos que conforman una organización, supone la intervención de la voluntad para decidir nuestra actuación o postura ante una situación. Decidimos comprometernos o no hacerlo, y cuando nos comprometemos, nuestros esfuerzos se orientan, nuestros intereses se subordinan y nuestra conducta se adapta a las exigencias del entorno laboral. Hay personas más dispuestas a comprometerse que otras, y al hacerlo, no desgastan su libre albedrío, sino que lo ejercen. La esencia del compromiso consiste en armonizar, (como cuando afinamos una guitarra), nuestros objetivos personales con las metas de la organización, generando así un compromiso laboral emocional.

La inteligencia emocional supone un nuevo espacio de conocimiento acerca de las personas y sus vivencias en el día a día en el trabajo y en su forma de vida. La inteligencia emocional se puede definir como la capacidad que tenemos las personas para adaptarnos, crecer y mejorar como ser humano; ésta se compone de cuatro puntos básicos:

  1. El reconocimiento de las emociones.
  2. Saber manejar nuestras emociones.
  3. Utilizar nuestro potencial personal.
  4. Capacidad de ser empáticos.

 

Si aprendemos a reconocer nuestras emociones y sabemos manejarlas ante la adversidad que se presenta en el trabajo y empleamos nuestras fortalezas, (competencias, habilidades, destrezas, conocimientos, etc.), dentro del respeto de la empatía con nuestros semejantes, conseguiremos enfocarnos con mayor facilidad en las responsabilidades y, por ende, seremos personas más comprometidas con la empresa; considerando lo anterior, nuestra toma de decisiones deberá ser inteligente no emocional, es decir, actuar conforme a un razonamiento lógico, no dejarse llevar por las emociones.

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CULTURA JURÍDICA




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